Tema Central: Entender
la diferencia entre modificación del estilo y modo de vivir; o una vida de
humillación y arrepentimiento.
Objetivo general: Afirmar en nuestros corazones, nuestra
manera de vivir, además testificar la verdadera razón y determinación de estar
comprometidos en nuestra fidelidad a Dios, a sus estatutos y decretos, porque
le amamos.
1) Reconocer la seriedad del pecado
y la necesidad de tornarse a Dios con espíritu contrito y humillado. 2) Entender el proceso de humillación. 3)
Determinar alejarse de pecar y acudir a Dios en arrepentimiento.
Introducción:
La
tendencia de los seres humanos hoy es rechazar todo intento de que se les
predique. Parten de la idea errónea de
que, por cuanto todos somos pecadores, nadie tiene del derecho de reprender,
exhortar o llamar a nadie al arrepentimiento.
Hoy en
día hay quienes enseñan como tener un proceso de rehabilitación, donde los seres humanos modifican su forma o manera de vivir. Algunos piensan que eso es lo que las
iglesias deben hacer, lograr que los seres humanos cambien sus estilos de vida. Pero debemos reflexionar:
·
¿La
Biblia nos llama a convertirnos de nuestros malos o errados caminos sin
arrepentimiento?
·
¿Podemos
lograr que una persona cambie su estilo de vida, sin arrepentimiento (reconocer
y aceptar su falta rebelde)?
·
¿Qué
problema enfrentaremos si cambiamos sin arrepentirnos?
Un error que con frecuencia
cometemos los seres humanos, es que nos olvidamos que Dios todo lo ve. Dios establece un orden perfecto
en su palabra de cómo “DEBE” ser nuestra forma y manera de
vivir. Al ser humano le corresponde reconocer
que no
querer o procurar vivir de acuerdo
a el precepto establecido en la palabra de Dios, es un acto de rebelión
contra Dios (Isa. 30:9). Por lo cual es
necesario que el ser humano reconozca y acepte su error
Proceso de confesión:
El salmista clama por piedad y
misericordia. Además pide tres
cosas adicionales: “Borra mis rebeliones”, “lávame de mi maldad” y “límpiame de
mi pecado”. Estas tres peticiones están basadas en tres
factores: Reconoce sus rebeliones (no las justifica, se declara culpable),
“mi pecado está delante de mí” (reconoce su condición de pecador) y “contra ti solo he pecado” (humillación y arrepentimiento).
Solo Dios tiene poder para perdonar pecados. Solo Dios puede santificar el corazón del pecador. Y todo pecado es realmente contra Dios.
2 Crónicas 7:14si se humillare
mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi
rostro, y se convirtieren de sus
malos caminos; entonces yo
oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su
tierra.
Isaías 55: 7Deje el impío su camino,
y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él
misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
Hay promesa de perdón,
sanidad y misericordia. La enseñanza
es, que el pecador más miserable puede
recibir perdón si se humilla delante
de Dios. Dios no quiere que el pecador
sea destruido, sino que se arrepienta, y viva (disfrute de su perdón y
presencia). 2 Ped. 3:9, Salmo 51:16-17, Hechos 3:19,
Lucas 5:32
Los seres
humanos tenemos maneras de tratar con el pecado, disimularlo, intentar
justificarlo o ignorarlo. Mas la
retribución no se hace esperar, todo acto de pecado o de rebelión contra Dios,
tarde o temprano se levantará delante de nosotros para condenarnos (Salmo
51:3).
Romanos 3: 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de
la gloria de Dios, Romanos 6: 23Porque
la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo
Jesús Señor nuestro.
Todos
tenemos necesidad de ser perdonados, por los pecados cometidos, y de ser
regenerados por la polución natural con que venimos al mundo (la naturaleza
pecaminosa Salmo 51:5). Así que,
necesitamos la eliminación de esa culpa y nacer de nuevo, pero con una
naturaleza que no sea la pecaminosa (Juan 3:5, Salmo 5:10, Romanos 12:2), para
no recibir la condenación o paga del pecado (Romanos 8:1).
Dios
puede y quiere hacer estas cosas con los seres humanos. Pero nos llama a que nos reconciliemos y
deseemos esa vida de limpieza espiritual para conservar el gozo de su salvación
y la seguridad de vida eterna junto a Él.
Es primordial entender que el pecado roba al creyente el gozo de la
salvación. Ese gozo de la salvación es,
que nuestro corazón reposa bajo la seguridad del perdón y
de la inconmovible presencia del
Señor. No es un gozo
circunstancial, ni depende de la manipulación de emociones; es la presencia
misma del Espíritu asegurándonos su realidad; es “el espíritu noble que sustenta” es algo que nos mueve y motiva a
tener una expresión de amor y
adoración a nuestro Dios. Es importante
que Dios haga la obra que el hombre no
puede hacer. El hombre puede cambiar su
forma o manera de vivir (rehabilitarse), pero no puede hacer por sí mismo la
absolución total o parcial de sus pecados.
No hay nada más efectivo para convencer a otros de algo, que lo que uno mismo ha vivido o experimentado, nosotros somos testigos de las misericordias de Dios. El salmista se comprometió en compartir con los demás, con los pecadores, su propia experiencia de salvación. Le promete a Dios que si recibe perdón, cantará y alabará su nombre.
Además, entiende que no tiene mérito alguno para hacer ofrendas o sacrificios a Dios, que compren el favor de Dios. Solo reconoce, que Dios no desecha un corazón sincero, contrito y humillado, aceptando que “los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado”.
Si el pueblo vive bien, de forma integral, cumpliendo los estatutos y decretos divinos, entonces podrán ofrecer ofrendas y adoración a Dios, que sean aceptables.
No es asunto de imponer la ley de Jehová sobre los seres humanos. Ni de aplicarle castigo al que no cumpla con la ley de Dios, pues la mayoría de sus estatutos son de carácter interno y nosotros no podemos ver las intenciones del corazón. Tampoco es cuestión de provocar miedo en las personas, porque el miedo no produce convicción ni arrepentimiento. Lo único que produce convicción de pecado, por haber sido rebelde contra Dios y sus estatutos, es la Palabra de Dios.
Es importante entender que la verdadera
razón y motivación que nos compromete a vivir una vida de arrepentimiento y
consagración total para Dios, es que
por medio de la predicación de la Palabra, se nos dio convicción de pecado y se
nos ofreció el perdón de Dios. Ahora es
más haya de un argumento sobre que nos gusta la iglesia o el evangelio, como
algunos piensan, es que estamos agradecidos
a ese Dios que nos amó primero y le expresamos nuestra gratitud, mediante una vida, separada, para Él (Romanos 14:8).