Galatas
6:7No
os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre
sembrare, eso también segará.
La ley de la siembra y la
cosecha es un principio aplicado en las enseñanzas de las escrituras. “…pues TODO lo que el hombre sembrare, eso también
segara”.
El problema o situación
que se debe considerar de esta ley natural es que se cultiva una semilla y se cosecha
generalmente más de un
fruto. Esto quiere decir o enseñar que el resultado final será
una multiplicación de la semilla que fue plantada.
De una mala obra o
conducta que hoy estemos cultivando, tendremos que enfrentar la realidad final
de recibir el resultado (fruto) de esta obra o conducta en una forma
multiplicada hacia nosotros. Si hoy no
procuramos en nuestras vidas “…hacer justicia, y amar misericordia…” tendremos que llevar en nuestro camino de la
vida, situaciones de injusticias y falta de misericordia en contra de
nosotros.
Miqueas 6:6¿Con qué me presentaré ante
Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con
becerros de un año? 7¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o
de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto
de mis entrañas por el pecado de mi alma? 8Oh hombre, él te ha
declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente
hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
Proverbios
22:8 El que sembrare iniquidad, iniquidad segará, Y la vara de su insolencia se
quebrará.
Jesús tiene autoridad para esperar fruto de nuestra parte y cuando no lo encuentra, nos enfrenta a su juicio.
Mateo 7:15Guardaos de los falsos profetas, que vienen a
vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por
sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de
los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol
malo da frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el
árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto, es
cortado y echado en el fuego. 20Así que, por sus frutos los
conoceréis.
Debemos entender y aceptar
que los frutos son según la naturaleza (según su origen). “Todo buen
árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. Además debemos mirar en esta ilustración que
la palabra árbol es singular, pero la
palabra frutos es plural.
Debemos considerar que es nuestra responsabilidad
producir frutos que reflejen una vida de fe.
Tenemos que aceptar que nuestro Señor y Dios
vendrá un día a buscar frutos, de fe, de nosotros. Por esta razón, los frutos que debemos
llevar, como resultado de nuestra fe, son única y exclusivamente, para
la gloria y honra de nuestro Dios. (No para nuestro pastor, consejeros,
hermanos o amigos).
Los frutos tienen que ser el resultado de varias cosas:
Consecuente de haber creído en que el sacrificio de Cristo es la única solución para nuestra reconciliación con Dios, esto es para recibir la justificación de Dios, se genera en nuestros corazones una transformación de pensamiento (regeneración). Como resultado de ese cambio interno en nuestras vidas, el mismo produce o aflora frutos que reflejan la realidad de esa regeneración.
Además de la fe, Dios nos sella con su Espíritu en la obra de la
regeneración. Y este espíritu produce
fruto, y resultado que produce el espíritu en el corazón es “Galatas 5:22-23…amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fe, 23mansedumbre, templanza;…”
Juan 15:1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo
quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que
lleve más fruto. 3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os
he hablado. 4Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el
pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros
los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto;
porque separados de mí nada podéis hacer.
6El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará;
y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7Si permanecéis en
mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será
hecho. 8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto,
y seáis así mis discípulos. 9Como el Padre me ha amado, así también
yo os he amado; permaneced en mi amor. 10Si guardareis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11Estas cosas os
he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
El Padre se encarga como labrador de la Vid
de hacer dos cosas.
Galatas 6:1Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. 2Sobrellevad los unos las
cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. 3Porque el
que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. 4Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá
motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; 5porque
cada uno llevará su propia carga.
6El que es enseñado en la palabra, haga partícipe
de toda cosa buena al que lo instruye.
7No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre
sembrare, eso también segará. 8Porque el que siembra para su carne,
de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del
Espíritu segará vida eterna. 9No nos cansemos, pues,
de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. 10Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos,
y mayormente a los de la familia de la fe.
Debemos siempre aprovechar las oportunidades de restaurar y re-edificar. Considerando que esto de debe-tiene que hacer con amor y mansedumbre. Además de reconocer con gozo la oportunidad que Dios nos provee de servirle siendo canales de bendición. Estas oportunidades de restauración deben ser con un corazón paciente, bondadoso y benigno demostrando con templanza, la paz del Señor en nuestros corazones. Teniendo Fe de que el Señor hará la obra en aquellos que son ministrados.
Esto se debe hacer para con TODOS, sin excepción de personas.
Debemos siempre tener el único y exclusivo deseo de resaltar la obra y gracia de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra intención debe ser, que la persona vea al Señor ministrando su necesidad.