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de Febrero de 2001
Tema Central: La carne nos parece fuerte y trata de
engañarnos, haciéndonos creer que no podemos vencerla. Pero Dios nos dice y demuestra lo contrario.
Objetivo general: Ser vencedor de la carne con las
fuerzas del espíritu, a través de una vida espiritual.
Introducción:
En mi vida de creyente he escuchado hermanos decir que “la carne es
fuerte”, en una connotación de que no se puede vencer. La situación actual es que vemos personas
que tienen problemas espirituales o ataduras carnales, los cuales les parece
que nunca podrán vencer o cambiar su forma / manera de “vivir”. Unos cargan con esos problemas desde su
niñez, adolescencia o cuando fueron adultos.
Pero después de haber conocido la verdad, piensan que esa situación es
“imposible” de resolver.
¿Podemos vencer la carne y sus pasiones? ¿Y si no lo hacemos que puede
ocurrir? ¿Que pues haremos? ¿Cómo podemos lograrlo?
Muchas personas tratan de justificar su manera de vivir diciendo que
“debido” a la debilidad de la carne, hoy día no se pude ser fiel a Dios. Ellos entienden que el problema o la razón
de su situación personal es “externa” a ellos, por ejemplo: Los programas de
televisión, los compañeros de trabajo o escuela, familiares, otros.
La realidad es que el problema comienza por y en nosotros mismos. La Biblia dice en Romanos 7: 21Así que, queriendo yo hacer el bien,
hallo esta ley: que el mal está en mí. 22Porque según el
hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23pero veo otra
ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva
cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de
muerte? 25Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así
que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley
del pecado.
Tenemos que comenzar, aceptando como realidad, que el problema se
origina en nosotros mismos, y debemos dejar, el tratar de justificarle a Dios,
la razón por la cual no podemos vencer nuestros deseos carnales.
La Biblia nos señala que los deseos, pasiones y placeres de la carne,
tienen como resultado final la muerte y separación de Dios (Santiago 1: 15Entonces
la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado,
siendo consumado, da a luz la muerte.; Romanos
6:23; Romanos 3:23). También menciona
que no combatir esos deseos hace que la carne y el pecado nos esclavice (Juan
8:3434Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que
hace pecado, esclavo es del pecado.)
La Biblia nos dice que no
permitamos o proveamos que el pecado y los deseos de la carne reinen en
nuestros cuerpos (Romanos 13: 14sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para
los deseos de la carne. Romanos 6:
12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo
obedezcáis en sus concupiscencias;)
Galatas 6: 7No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo
lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8Porque el que siembra
para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el
Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
Hay varios puntos
importantes que deben ser observados cuando se estudia lo que la Biblia dice
respecto a la vida espiritual o en el espíritu. 1) No es una opción sino una orden. 2) No es solamente para los que ejercen cargos o tienen
responsabilidades. Debemos estar
claros, cuando finalicemos este estudio, que la vida en el espíritu es lo que
Dios espera de todos sus hijos.
Romanos 8:1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están
en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu.
Romanos 7: 24
¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de
muerte?
El apóstol Pablo después de haber presentado la situación que tenemos en nuestros cuerpos con el pecado y la carne. Situación que el escritor de los Hebreos en el capítulo 12 verso 1 dice “…del pecado que nos asedia.” indicando que nos tiene en estado de “sitio” rodeados. Pablo afirma en el capítulo 8 de Romanos “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…”
La palabra condenación tiene dos connotaciones dentro de este pasaje: 1) se refiere al estado de perdición en que se encuentra la persona que no tiene a Cristo, y 2) contiene una referencia indirecta al pecado que es quebrado (cortado, desplazado) cuando la persona se convierte. En otras palabras para que se destruyan las consecuencias del pecado, primero tiene que ser destruido su poder, su fuerza, su capacidad de esclavizar.
Romanos 8: 2Porque la ley (el poder) del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley (el poder) del pecado y de la muerte.
Así como el pecado y la muerte reinan en aquellos que no conocen a Cristo, el Espíritu y Cristo (camino, verdad y vida Juan 14:6) reinan y permanecen en los verdaderos creyentes.
Entonces, ¿para quiénes
no hay ninguna condenación? para “los que
no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu”. No hay puntos medios, o se anda conforme a
la carne o conforme al Espíritu (vv1, 4); se piensa en las cosas carnales, o en
las del Espíritu (v5); nos ocupamos en las cosas de la carne, o en las del
Espíritu (v6); si vivimos conforme a la carne, no podemos vivir conforme al
Espíritu (vv8, 9); se tiene al Espíritu de Dios, o no (v9); se está vivo, o
muerto (v10); o se es hijo de Dios, o no se es (v16). También debemos estar conscientes que el verbo “andar” es
sinónimo de “vivir”. La vida cristiana
no consiste en buenas intenciones, ni en meros deseos; tampoco en persuasiones
académicas, ni en abstracciones teológicas.
Esa vida es eminentemente objetiva.
La teología es práctica, no teórica.
Galatas 5:25Si vivimos por el
Espíritu, andemos también por el Espíritu.
La verdadera vida
espiritual no se limita a orar, leer
la Biblia, cantar, asistir a la iglesia y trabajar arduamente. Ésta consiste en la presencia del Espíritu ejerciendo un control, que desplaza y vence
al pecado, para que se manifiesten las cosas que son agradables a Dios.
En el v5 Pablo habla de
aquellos “que son del Espíritu”. Lo
cual es indicativo de que primero uno está
en el Espíritu o él lo posee a uno; inmediatamente después se empieza a pensar en las cosas del Espíritu (v5),
y luego a ocuparse en las cosas del
Espíritu (v6). Uno no puede ocuparse en
las cosas del Espíritu sin pensar en ellas, y no puede pensar en esas cosas si
no es dominado por el Espíritu.
Los verbos “pensar”(v5) y
“ocuparse”(v6) en el idioma griego vienen de una misma raíz que denota mucho
más que solamente un proceso mental; implica la participación de todas las
facultades del alma: la razón, las emociones y las determinaciones
(decisiones). Ser guiado por el
Espíritu de Dios no significa que en ciertos momentos especiales o cruciales de
la vida, uno recurre a Dios para saber qué debemos hacer, sino que se refiere a
la guianza, la orientación total de la vida a través del Espíritu Santo, quien
produce en uno nuevos conceptos,
orientaciones diferentes, inclinaciones muy distantes a las anteriores, nuevos
objetivos y propósitos, valores e ideales acordes a la voluntad de Dios.
El creyente no puede
tener doble identidad; ser él y además cristiano; la carnal y la
espiritual. La vida en el Espíritu no es un uniforme para ocasiones
especiales; no son experiencias
intermitentes, estados circunstanciales o esporádicos. Ocuparse de lo espiritual o vida espiritual
es la expresión genuina de la vida cristiana.
En Efesios 5:19,20, Pablo
exhorta a estar llenos del Espíritu Santo, y luego, a hablar con salmos, himnos
y cánticos espirituales. Quien está
lleno del Espíritu Santo cantará y hablará de las cosas del Espíritu.
El espíritu Santo no sólo
produce adopción en nosotros, también da conciencia y convicción de esta nueva
identidad con Dios. Uno no puede ser hijo de Dios y no
saberlo. El Espíritu Santo nos indica todo
lo que implica esa relación con Dios.
Romanos 8:9Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el
Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene
el Espíritu de Cristo, no es de él. 10Pero si Cristo está en
vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu
vive a causa de la justicia.
En los versos 9 y 10 de Romanos 8 hay dos afirmaciones fuertes
que garantizan al creyente ser propiedad de Dios: el creyente no vive según la
carne (naturaleza humana o terrenal; deseos o pasiones), y el cuerpo está
muerto en referencia al pecado. Esto
es, solamente quienes son propiedad exclusiva de Dios, y en quienes el
Espíritu ha hecho su morada (casa,
residencia) tienen victoria sobre el pecado.
Esto significa que ser
cristiano no consiste solamente en hacer una confesión de fe y abrazar una
creencia, sino en tener una experiencia transformadora que nos hace vencer el pecado de afuera (externo)
que se presenta como una tentación, y el pecado de adentro (interno) que se
manifiesta como una fuerza.
Romanos 8:11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará
también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
Romanos 8: 26Y de igual
manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como
conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles. 27Mas el que escudriña los corazones sabe cuál
es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede
por los santos.
Es importante notar que
cuando el texto dice que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, no se
refiere a situaciones de tentación o para salir de apuros cuando hemos
provocado un problema, sino que se refiere a la ayuda que nos presta cuando nos
acercamos a Dios. Es una ayuda para
alcanzar los niveles espirituales a los cuales Dios desea llevar al creyente.
El espíritu no está en el
creyente tan sólo para socorrerlo del mal, sino para introducirlo profundamente
en las cosas de Dios.
La vida en el espíritu es
mucho más que mantener una guerra sin cuartel con aquello que es
pecaminoso. No consiste en aceptar que
hay dos fuerzas idénticas en poder: el bien y el mal; la carne y el Espíritu;
el diablo y Cristo. ¡No! La vida en el
Espíritu es la presencia dinámica del Espíritu de Dios en el creyente, remontándolo
a las alturas espirituales
Hebreos 10:16 Este es el
pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis
leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré,
Corazón y la Mente
La palabra de
Dios se tiene que poner
(atesorar, guardar, retener) en el corazón del creyente,
y esto tiene dos propósitos:
1) La palabra se convierte en deseo.
Salmo 119: 11 En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
Daniel 1: 8Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la
porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al
jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
Salmo 51: 10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu
recto dentro de mí.
Jeremías 11: 20Pero, oh
Jehová de los ejércitos, que juzgas con justicia, que escudriñas la mente y el
corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque ante ti he expuesto mi causa.
Proverbios 21: 2 Todo camino del hombre es recto en su propia
opinión; Pero Jehová pesa los corazones.
2)
La palabra se torna en
espada que combate los malos
pensamientos (frutos de la carne Galatas 5) que salen del corazón.
Mateo 15: 18Pero lo
que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19Porque
del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios,
los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias.
Lucas 8: 14La que
cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los
afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15Mas
la que cayó en buena tierra, éstos
son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y
dan fruto con perseverancia.
Efesios 6:17Y tomad el yelmo
de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;
La palabra de
Dios se tiene que escribir
(registrar) en la mente del creyente.
Esta palabra será la espada
espiritual que utilizaremos para vencer TODO pensamiento externo que quiera llegar a contaminarnos el corazón.
Juan 14:23Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos
morada con él. 24El que no me ama, no guarda mis palabras; y la
palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
Romanos 8: 37Antes, en todas estas cosas
somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Galatas 5: 24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con
sus pasiones y deseos.
2 Corintios 10: 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
Galatas 2: 20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo
yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe
del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.